Columna Semanal
24 de abril del 2019

“Pero si los que estudian humanidades no hacen nada, ¿o qué hacen? A ver, que resuelvan una integral”, escuché más que desconcertado por la respuesta de una compañera en un curso. Y vaya que fue buena pregunta… ¿Para qué sirven realmente las humanidades? ¿Qué son? Las humanidades son las disciplinas que se encargan de estudiar las artes y el desarrollo del ser humano, así como su cultura y línea de pensamiento. Podemos encontrar en las humanidades a la filosofía, la literatura, la historia, la música, la estética, la pedagogía, etc.

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Desde sus principios el hombre ha tenido la necesidad de comunicar, de tratar de expresar lo que siente, piensa o imagina. En ese mundo de percepciones y emociones, la creación sirve para que el hombre se comunique con el hombre; para que no pierda el sentido de lo que ha hecho y está viviendo; para que entienda que no es el único al cual se le presenta un abismo al pensar en la existencia misma. La creación es una plática abierta al tiempo para cualquiera que esté buscando respuestas.

Roma es la cuna del primer humanismo por haber sabido sublimar el conocimiento griego. Entre los primeros grandes humanistas podemos encontrar a Séneca, Cicerón, Virgilio, Marco Aurelio y Julio César. Las humanidades tienen su esplendor en el Renacimiento y puede verse cómo es el paso de la Época Medieval a la Modernidad, donde los valores del pensamiento y de la filosofía estoica en Italia hicieron que los hombres de conocimiento de ese tiempo comenzaran a reconocer al otro, al extraño, como uno más en la familia del mundo, retomando a los clásicos para un mejor entendimiento del ser humano.

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Sin las artes no tendríamos un archivo caracterológico del recorrido histórico de la humanidad; no sabríamos cómo se surcaba el cielo antes de la era industrial; cómo las costumbres antihigiénicas trajeron consigo la muerte de millones en la Europa medieval; sin la literatura no seriamos conscientes de que las virtudes y los vicios, como los narra Homero en la Ilíada y la Odisea, siguen siendo patrones que remarcan el carácter de los grandes dramas de la actualidad: la ira, el amor, el odio, los celos… Pero lo más importante es que sin la creación el ser humano estaría destinado irremediablemente al hartazgo de lo cotidiano, a no tener una oportunidad para dar rienda suelta a la imaginación. El arte no sólo nos permite documentar y entender la realidad a través del tiempo, sino de transformarla, romperla, crear otras y paralelizarlas si eso queremos; incluso ir más allá de ella.

Es evidente que la vida de un creador de arte no es fácil, más por la carga peyorativa que porta ser filósofo, pintor, escultor, escritor, músico o poeta. Es cierto que algunos intelectuales deciden apostar toda su razón creadora a una casta gobernante que sólo busca seguir engañando a los gobernados; pero hay otros que no sucumben ante el poder político y se dedican a la construcción de lo que difunden: reflexionan críticamente, trabajan por la educación, por el arte de enseñar a percibir y entender las cosas, por ver los problemas sociales como una tarea diaria a resolver. La lectura no es sólo para pasar el rato o para recordar el nombre del autor por haber ganado un Nobel. Las personas que se dedican a este oficio del conocimiento y tienen la sensibilidad para buscar y romper los parámetros actuales del egocentrismo globalizado hacen falta ahora, más cuando la mayoría de personas sólo buscan un pragmatismo redituable.

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Guillermo Fadanelli escribe: “Supongo que ciertos hombres de ciencia crean o comprueban sus hipótesis utilizando un camino poco ortodoxo e incluso acuden a las artes o a la filosofía para estimular y dar rienda suelta a su imaginación […] la ciencia es ciencia precisamente porque cambia y además porque en su sentido más íntimo es filosofía e imaginación”. La imaginación y el pensamiento deben estar en continua estimulación para incentivar la creatividad, sin estas facultades la mente humana gira esterilmente en sí misma. La tarea actual de los humanistas es enriquecer la consciencia crítica, para superar la decadencia de los valores éticos de la sociedad Occidental a la que hemos sido incorporados.

Compartimos esta entrevista a Nuccio Ordine, profesor, filósofo y uno de los mayores conocedores del Renacimiento y del pensamiento clásico:

Kozzobi Sampedro Alonso

Nació en Oaxaca en el 2000. Estudió en el COBAO. Intenso lector y amante del café.

Fotografía de Kozzobi Sampedro Alonso

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