Columna Semanal
18 de octubre del 2017

Entre zoombies y robots

Es sorprendente que la globalización de la información haya alcanzado a la mayoría de las mentes de los jóvenes. Pero lo más sorprendente no es que esto haya sucedido sino que no seamos capaces de ponerle un freno, o, al menos, un dique para que no siga difundiéndose la veneración a la Santa Muerte, a los zoombies, a los muertos vivientes, a vampiros y a las diversas adicciones al temor y al terror.

Muchos estudiosos del tema coinciden en que el relativismo moral en el que estamos inmersos en nuestras sociedades globalizadas actuales es preocupante. El mimar al ego, el lema de todo se vale pues nada más se vive una vez, la falsa idea de la libertad para hacer lo que se nos antoje, la falta de disciplina y de responsabilidad han dado como resultado una vida vacía de valores trascendentales, de ideales que nos unan como especie para encarar un futuro mejor. El hedonismo, el narcisismo, el nihilismo y la falta de ideales está consumiendo a la juventud y no solamente a ella, sino a la sociedad entera.

En la filosofía moral del Siglo XX y actualmente de principios del Siglo XXI, la filosofía analítica, la ética ha sido reemplazada por la disección de sistemas morales en lugar de ofrecer valores. Se ha dedicado más a analizar, a verbalizar, a realizar análisis lingüísticos que no llegan a ninguna iluminación moral sino que desembocan en el subjetivismo y por ende en el relativismo.

En nuestras charlas de Jornadas Vasconcelianas es común que nos pregunten los estudiantes si es verdad que existen los valores absolutos o son relativos, y si cada persona tiene su verdad y no existe una verdad para todos…. O esta otra pregunta: ¿Cómo sabemos si estamos actuando bien o mal?

No nos extraña que se cuestionen los valores, pues vivimos inmersos en la realidad de consumo inconsciente, como robots programados para consumir, y en una realidad virtual que ya está permeando casi todos los rincones de nuestra sociedad, incluyendo a la oaxaqueña. Por eso vemos en la calle de Alcalá a chicos disfrazados de zoombies… Las series y películas de ciencia ficción son como pesadillas: lo creado por el hombre, los robots, adquieren conciencia propia y se rebelan y matan a sus creadores y el hombre obsesionado por su origen y frustrado por no encontrarlo: el absoluto incognoscible. Es como una mala caricatura: un niño intentando meter toda el agua del océano en una cubeta de agua… No podemos acceder a un conocimiento total ni a unos valores absolutos; pero de ahí a que todo es relativo hay un abismo.

Hemos progresado desde que bajamos de los árboles y dejamos las cavernas, y a lo largo de la historia de la humanidad hemos establecido reglas de convivencia social: no le hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti, y jerarquías que nos ayuden a evolucionar hacia una sana convivencia. En Egipto la regla era vivir con rectitud, en Babilonia se veneraba el valor, en Grecia Platón estableció la tríada: verdad, belleza y bondad, en Roma la ley era fundamental… Jesús predicó el amor y la hermandad entre los hombres con el conocimiento de un solo origen para todos: Dios, el padre celestial.

Ahora que estamos viviendo drásticos cambios climáticos y catástrofes naturales, como los terremotos, incendios, inundaciones, tenemos el imperativo de recuestionarnos nuestra manera de estar en el mundo y aprovechar estas catástrofes para hacer un cambio radical de vida, ahora más que nunca necesitamos a Kant: “La ley moral en mí y el cielo estrellado sobre mí”.

Raga Garciarteaga

CDMX, 1955. Estudió Diseño en la UAM y cursó la Licenciatura en Bellas Artes en el Instituto Allende de Guanajuato. Es pintora, ambientalista y promotora de la lectura. Sitio web: dajandras.com


Fotografía de Raga Garciarteaga

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