Latinoamérica
04 de noviembre del 2016

Mascaró, el cazador americano (1975) es la última novela de Haroldo Conti (Chacabuco, Argentina, 1925-1976). Es el trabajo de un escritor con ideales revolucionarios. Esta obra se ha convertido en una novela de culto por su alto contenido simbólico rebelde, y por marcar en la vida de su creador el momento en el que está a punto de pasar a la vanguardia revolucionaria de manera involuntaria al encabezar la lista de intelectuales y artistas desaparecidos durante el régimen militar en Argentina.

La libertad con la que Conti escribe es la verdadera clave revolucionaria, y ésta se apoya en un ennoblecido nivel técnico literario que privilegia a la cadencia del idioma castellano; no se apega a una sintaxis lineal, sino que enfrenta al lector a caprichosos cambios de voces que pasan de los bien logrados personajes a la mirada detallista del escritor, que como un buen director —¿acaso se dejaba llevar por su pasión por el cine?—, da paso a la narración de los personajes, el paisaje y su historia, el ambiente, los olores y colores, la música, el vestuario y el decorado de los muebles. Un ejemplo:

Cafuné sopla y sopla la flautilla de hueso. Es un chorrito de aire, un raspón de metal, un alma finita de viento que se enrosca en el aire. El día aquí es esta música que anda por todas partes, gota, bolita, tiempo desnudo, sin recortes. Cada tanto agita un sonajero de uñas para acompañar la música o espantarse las moscas. Oreste ha pasado la noche en vela, sentado a una mesa. Los músicos estuvieron soplando y rascando hasta que cayeron dormidos, menos el arpero ciego, que no vio venir la noche y siguió tocando, y recién paró cuando se le agarrotaron los dedos. Mitad de la madrugada. Paró y los envolvió el silencio. El arpa ha quedado en medio del salón. Es un arpa bonita, con el clavijero labrado como un altar y el mástil que remata en un ángel que se sostiene en la punta de un pie como si fuera a saltar al piso. El ángel es pequeño pero preciso. Piel de humano, ojos de vidrio, alas de pichón. Está en el aire, livianito. El arpero es hombre a medias sin el arpa. Él entero es el arpa y el ángel y el ciego que cuando toca se sacude con gracia, ve cosas de adentro sin la molestia de la carne, raspa de un lado y de otro en lo seguro, comanda. Vida sin peso.

Oreste es un joven entrado en la vida. Un día comenzó a caminar y por no conocer bien cuál debía de ser su camino ni su destino, fue a dar a los laberintos de la auténtica vagancia, ganando sin darse cuenta un objetivo en la vida: seguir andando sin detenerse. Así es como fue a dar hasta Arenales, uno de los últimos pueblos de la Patagonia en donde la miseria se vive con simple naturalidad. Oreste, en la más angustiante pobreza y soledad, llega con un grupo de locos que dicen formar parte de un circo recién comprado y conformado, llamado El arca. Oreste, por no tener formación artística, toma el acto del “transformista”, el que imita a los animales salvajes. A partir de este momento la novela deja de tener un personaje principal para abrirse paso (como el Mañana, el barco en el que viajan) entre los pueblos más maltratados del Cono Sur. Todos los lugares que visitan se encuentran en estado de pobreza extrema y sobreexplotación, son lugares que los habitantes han comenzado a abandonar, en donde hay iglesias en cada pueblo pero nunca un sacerdote.

El maltratado circo se convierte en el único medio que comunica a estas tristes comunidades con el mundo exterior. El mensaje que el circo va llevando tiene un aire moderno y cosmopolita; con él enfrentan la dura realidad, la cual se vuelve mucho más llevadera a los protagonistas. El punto crucial en la historia es cuando sucede la primera fiesta en el barco el Mañana, una vez que los personajes han terminado de conformar el grupo circense que desarrolla la trama, el príncipe Patagón —personaje que simboliza el liderazgo de los pueblos originarios en cualquier movimiento revolucionario— expone su filosofía de vida y habla de la errancia como su verdadero estilo. “El arte es un arrebato”, dice el príncipe. Inmediatamente, Mascaró habla. En este diálogo se anticipa el paso de la errancia a la rebelión:

Mascaró declaró que apreciaba esos intermedios, que estaba de acuerdo en que la vida del hombre sobre la tierra es una milicia, pero que ésta, a su vez, era un arte que se ejercitaba, que las buenas guerras se adornan como una representación, son casi un festejo, que él, Mascaró, por otra parte, era en lo personal hombre de concretos, como el capitán Alfonso Domínguez, que se expedía de oficio, no con simulacros, sin ánimo de ofensa en esto ni apreciar ventajas entre una forma u otra de vida, que uno nace volatín y otro capitán y cada cual tiene su misión sobre esta tierra. Expresado lo cual extrajo y revoleó el temible .38 con cachas de nogal sagriñado que portaba al costado. Tras lo cual ejecutó unos tiros de precisión que trastornaron el aire y espantaron a las gaviotas.

Mascaró, el cazador americano es una novela que llama a la lucha revolucionaria. Hace una apología del viaje, del abandono a lo material. Sostiene que cualquier hombre puede ser libre, que cualquier hombre puede darse a la creación artística, que no existe mayor acción en la vida del hombre libre que la invención. Y que una acción no violenta, pero subversiva, siempre despertará el odio de quienes se sienten ofendidos por las diferencias entre los seres humanos, lo que inevitablemente conducirá a una lucha revolucionaria a través de las armas. Bajo la idea de que el gran artista es aquel que logra inspirar a los demás artistas, el circo establece una dinámica de exhibición estética y reclutamiento de nuevos artistas. Pronto el circo se vuelve un espectáculo que incluye los actos de vagabundos y marginados. El circo es un despertador de conciencias. Y no por tener un mensaje político que aliente a un levantamiento armado, sino porque brinda un espacio de bienestar; va dejando a su paso esparcimiento, incita a que la gente comience a animarse a organizar movimientos antigubernamentales. Tras su paso, el circo va despertando el espíritu de una vida nueva, o bien, una vida revolucionaria: “Después que ustedes se marcharon, a la gente le dio por ciertas grandezas”, dice un personaje.

En la novela encontramos símbolos e imágenes que nos hacen pensar en una inclinación marxista por parte del autor. La dictadura militar en Argentina, a través de su mecanismo de censura disimulada con el nombre de “Apreciación de contenidos de publicaciones” en su informe acusa a la novela: “propicia la difusión de ideologías, doctrinas o sistemas políticos, económicos o sociales marxistas tendiente a derogar los principios por nuestra constitución”. El libro cuenta con un alto nivel de mala actitud contra la injusticia y desigualdad, y en contra de la sobreexplotación humana, y llama abiertamente a hacerle frente, incluso de manera violenta; pues maneja conceptos de libertad de conciencia, igualdad entre hombres y mujeres, y, sobre todo, hace un llamado a abandonar cualquier modelo de producción económica, así como a los valores caducos de una sociedad basada en la vanidad y en el bienestar que dan las posesiones materiales.

Por su fuerte convocatoria al abandono del trabajo como primera acción revolucionaria y teniendo la vagancia como fin, se puede decir que también tiene un fuerte mensaje antimarxista. La crítica es hacia la retórica de los gobiernos latinoamericanos que subsisten deshonrando su palabra, traicionando su código de honor y violándose los unos a los otros como forma de operar. La compara con la retórica de los artistas del sentido común. Una palabra incrustada en la idiosincrasia de las comunidades, basada en “la verdad” y no en la realidad a la que los gobiernos tratan de someter a sus ciudadanos. Una palabra a la que todos tienen acceso y hacen uso de ella, pues se basa en el uso de la razón.

El circo recupera lo que la sociedad descarta. El cúmulo de personajes vagabundos y marginados representa la masa trabajadora fluctuante. La novela se expresa contra la especialización, los falsos valores de la educación occidental, la racionalidad y la exclusión que sostienen las sociedades modernas. Los personajes van armando una filosofía basada en refranes populares, poemas, canciones y observaciones de la vida diaria. Plantea la transmutación de la miseria en lo notorio. Por ejemplo, está el personaje de Perro mugroso, al que el príncipe llama Califa. La obra es una celebración del nomadismo; los personajes se encuentran a la deriva y festejan el abandono; para ellos despojarse de sus ataduras materiales es una decisión consciente y de la que asumen las consecuencias. La última novela de Haroldo Conti es un elogio al arte popular en una época en la que la industrialización tiende a destruirlo, y plantea la posibilidad de que el arte puede convertirse en una fuerza transgresora.

Enrique Arnaud Blum
  • Consejo editorial

Oaxaca, 1982. Es escritor y pintor.

Fotografía de Enrique Arnaud Blum

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