México
09 de noviembre del 2016

Filosofar es como cantar en una caverna oscura; no vemos, pero aligeramos el sufrimiento. Sigmund Freud

GENEALOGÍA DE LA NARRATIVA PUERCO-BURGUESA

Fernando Nachón (México d.f., 1957) es un escritor sucio, un cómplice de la locura, un paranoide exquisito que de manera obsesiva se adentra en los tragicómicos valles de los celos, el alcohol, el sexo y la soledad. Lector de Marco Aurelio, Nietzsche, Schopenhauer, Freud y Memín Pingüín, encuentra en la lucidez un sol que no calienta, un cadáver que se tiene que cargar sobre la espalda por una llanura que desemboca en el mar de la muerte. Sus novelas más representativas datan de la década de los 80: De a perrito (1986) y Diario de un pendejo (1988), que aunque pretenden extradiegéticamente mostrase como una radiografía del periodo intermedio entre la revolución social y el nihilismo, se convierten a la menor provocación en una atormentada introspección. Los demás personajes y el entorno se vuelven un pretexto, un roce con el otro que tiende a oscilar entre la indiferencia y el dolor.

Hola, Verónica, ¿quieres que nos veamos en la tarde? Bueno. A las seis, ¿te parece? ¿Dónde nos vemos?, le pregunté. Pasa a mi departamento. ¡Bravo! Ya tenía una cita para las seis de la tarde; pero ahora tenía otra cosa de qué preocuparme. Ahora tenía la preocupación más importante del hombre: esperar una vagina. Como tenía mota, un cacho de la herencia de mi padre, un carro y un departamento, podía rascarme los güevos a gusto e inclusive podía ir a una librería a comprarme de pura onda ocho tomos de El capital.

Nachón cursó estudios de psicoanálisis en el Colegio de Ciencias y Humanidades, para luego cursar la carrera de Médico Cirujano en la UNAM. Los conocimientos obtenidos en ambas disciplinas le sirven para acrecentar su escepticismo al respecto de lo que puede explicarse a través del desarrollo intelectual. Apuesta por la intuición como un medio epistemológico mucho más potente:

Un día, una puta me dijo: “Quizá no estés enamorado de Teresa, es más probable que estés enculado”. “¿Enculado?” ¿Quizá nada más estaba enculado de Teresa? ¿Para qué leer tanto psicoanálisis? ¿Para qué? Una prostituta me lo había dicho todo: estaba enamorado de una vagina.

Fue también colaborador de las revistas La Regla Rota y La Pus Moderna, junto a Rogelio Villareal y Mongo (Ramón Sánchez Lira) — ilustrador de un magnífico humor canábico. En 1996 escribió una columna —El libro del eterno retorno— en el suplemento Sábado; allí, el gusto por la provocación llegó a convertir a Juan Villoro en Juan Billar de Oro y a Guillermo Fadanelli en Memo Juárez Aburrinelli; sin embargo, sería Fadanelli quien escribiera el prólogo para su libro de cuentos Cachetadas en las nalgas.

LITERATURA FOREVER ALONE

Al estilo Fear and Loathing in Las Vegas (aunque sin abogado de copiloto) Nachón se lanza a la desesperanzadora aventura de la cotidianidad. Equipado con un auto heredado, botellas de bacardí y unos toques bien forjados, incursiona en una de las ciudades más complejas e injustas del mundo: la Ciudad de México. Sus narradores aparecen como aventureros solitarios, sin cómplices que sobrevivan la noche, pues los amigos desaparecen en la bruma de la velada etílica y las mujeres parten a casa de sus padres, de sus esposos o a hacer sus cosas. La explícita distancia hacia con los otros y su desvinculación social permite una mirada crítica a su entorno, la de un vagabundo privilegiado, la de un paria con cuenta bancaria que puede tirarse en cama para pensar la crueldad del mundo durante días y acariciar el dolor sin prisas ni distracciones.

Los personajes principales de Nachón, narradores que oscilan entre la claridad mental y la psicosis, no tienen que preocuparse por trabajar; se quedan en casa a pensar su profunda orfandad y la imposibilidad de sobrellevarla; existe el contacto con el mundo, pero éste sólo se explora como último recurso, cuando el hastío de sí mismo resulta un peor castigo.

Agarro un churro y lo enciendo. Mis ojos se posan en un libro donde leí que Pita Amor llegaba a las fiestas con un abrigo y nada abajo gritando: “Soy la reina de la noche”. Eso dice Elena Poniatowska que hacía Pita. Pita, Pita y yo sin saber qué hacer con mi pito. Qué hacer con mi carne que por todo se erecta. Yo llegaría gritando: “Soy el rey de la soledad”, y sería Pito Amor.

A pesar de contar en sus textos con una gran variedad de referencias intelectuales latinas, marxistas, schopenahauerianas, psicoanalíticas y literarias (desde Hamsun hasta Lowry), Nachón se siente un exiliado del mundo intelectual. Dice en una entrevista identificarse más con el personaje de Tony Manero en Saturday Night Fever, que con cualquier icono relacionado con el mundo letrado. Tal vez añora de este personaje fílmico una cierta inocencia, una sensibilidad que colisiona constantemente con la hipocresía del mundo. Nachón se convierte en un detractor de la arrogancia injustificada del medio intelectual, de la crueldad social de un país sumamente clasista, de la hipocresía que circunda alrededor del sexo y las drogas, así como de sí mismo: un anacoreta enloquecido que sueña con algún día ser profeta en la misma tierra de donde fue exiliado.

...además de que tienes que llamarte García Márquez o José Agustín para poder ver tu libro exhibido en una buena mesa. ¿Cómo una buena mesa? A la vista de la gente. Pero para eso hay que arrodillarse ante los jefes de compras, sacar la lengua, abrirles la bragueta y lamerles los testículos con cuidado de no quedarte con un pelo de la bolsa escrotal para que el placer no disminuya, no se les baje la calentura, aunque de todos modos después de que echan espuma por la uretra te mandan a la chingada.

Fuera de ciertos ambientes del underground cultural, su obra es poco conocida. Nada más lamentable, pues pocos libros en la literatura contemporánea nacional manejan el humor y el desparpajo como pocos; su brutal honestidad resulta un espejo que regresa una mirada feroz, un antipretensivo esencial ante las huestes de la solemnidad y la autosatisfacción que suelen colarse en los medios literarios.

SOLILOQUIOS BAJO LOS DELICADOS EFECTOS DEL THC

Las drogas en el universo nachoniano se convierten en un punto de partida, un camino, y en ocasiones, un despeñadero. Sirven “para olvidar que Reagan le quiere partir la madre al mundo”; para ampliar los gustos eróticos: “una mujer fea entre velas o incienso es una de las más deliciosas perversiones. Si a eso le añades un poco de mota, a toda madre”, y para apaciguar a las ignaras hordas del tiempo. Son también las sustancias psicotrópicas (con algunos valium y popper de por medio) un oasis envenenado, pues otorgan y arrebatan cual dioses del Olimpo. Entre la introspección y el cadalso, entre la buena onda y la paranoia total, hay unos pocos toques de distancia.

Yo era mi propia familia y por eso me astillaba, por eso me peleaba conmigo mismo como mi padre se peleaba con mi madre y viceversa. Por eso todo el día le metía a la yerba como loco, y en verdad estaba loco porque en cada minuto que aguantaba el humo en los pulmones se presentaba ante mí la imagen de mi padre sobre una fría plancha de operaciones, mientras un doctor examinaba en unas radiografías un cáncer de pulmón que parecía una roca de uranio maldito. Mi padre había explotado por dentro y yo quería seguir su camino.

Al hacer de la autodestrucción un hogar, se refugia dentro de una maternidad enfermiza que culminará por echar bajo cerrojo cualquier posibilidad de reconciliación consigo mismo:

La panza me hacía viejo a los treinta años, la mota me hacía un vejete a los treinta años, mi verga necia me hacía un ruco sin dignidad a los treinta años. Me estaba convirtiendo en un perro faldero. ¡Carajo! También los psiquiatras convierten a las águilas en perritos falderos.

TRAS LOS PASOS DE UN PLAYBOY TERCERMUNDISTA

En las redes del pescador orladas de corchos
Quedó atrapado el viento. Su risa

Esa risa que conocen todas las mujeres

Cuando entre sí hablan de hombres.
En las redes del pescador orladas de corchos,

Por las pequeñas garras quedó prendido el frágil miedo.
Este es el miedo que los hombres conocen

Cuando hablan entre sí de las mujeres.

“Primavera en las redes de los pescadores”
Jaroslav Seifert

Otra piedra angular dentro de la narrativa nachoniana es el erotismo, o más bien el cachondeo y sus demonios. Nachón sabe que ante la mujer deseada, la batalla se tiene perdida de antemano. Esa es una verdad más importante que las leyes de la termodinámica, pero no cualquiera puede llevarla a cuestas. Habrá que sufrir el precio del rechazo, o peor aún, el de los aranceles de la vida en común. Entre el hastío y el sufrimiento, decía Schopenhauer, es como la vida se desarrolla; Fernando Nachón le sigue el rollo al decimonónico alemán:

Éramos los peores enemigos de la tierra. Abel y Caín de sexos contrarios. Su coño era la quijada de burro con la que me mataría. Yo no tenía oportunidad de eliminarla —sólo matándola— y la solución me parecía tan perdida y policiaca que era inútil, además no debía hacerlo, mi propósito era que no me abandonara. Sólo me quedaba injuriarla por lo que me hacía, decirle que todas las bailarinas eran unas narcisistas tragahombres de chichis secas. Preferí callar. Aceptaría su coño, la quijada de burro con la que me noquearía y me mandaría de nuevo a la muerte del abandono. A la obturación de Dios. Había sido malo, celoso y alcohólico. Debí aceptar el castigo y morirme ahogado en su selva de vellos púbicos como un niño ahorcado por el cordón umbilical de su madre.

Las agridulces mieles de Venus no tardan en desembocar en un paraje solitario. Una soledad aún mucho más potente, pues se aleja de la frustración y se adentra en los dominios de la melancolía, aquél mar frío en donde el horizonte parece infinito y el sol cava su tumba. La pareja se vuelve una distopía, un lugar donde perder todas las batallas.

Si te portas bien, no tomas y no me celas a la mejor hasta me voy a vivir contigo. Varias veces me he portado bien. He tratado de no hablar de Schopenhauer y de otros machistas para que no te molestes, estoy yendo a aa y es de hueva, no te he celado y esos días te dedicas a tomar Valiums para dormir porque te sientes muy angustiada y llena de culpas que nunca sabes de dónde vienen. Pues sí, pero no voy a dejar de hacer mis cosas. Era otra Carolina, ya nunca regresaría esa madre que fue para mí, ahora era feminista, se había llenado la cabeza de autores que hablaban de abandonar a los hombres para liberarse, autores que yo le había mostrado cuando todavía dialogábamos, los leíamos y me los comentaba, pero nunca me imaginé que como un monstruo de ciencia ficción se alimentaría de ellos para engendrar un terrible ente.

INCONCLUSIÓN

Por supuesto que no habría mejor forma de echar a perder un escrito sobre Nachón, que el de explicar su obra y comentarla extensamente. Sería como querer esclarecer una buena broma que ha sembrado ya sonrisas amargas en los interlocutores. De su obra forman parte las novelas La esperanza de una angustia y Los niños bien, el compendio de cuentos Cachetadas en las nalgas, el disco de canciones más autoparódico de la red: Soy cochino y varios poemarios, como Muñeca haz favor de quitarte el sostén (casi en su mayoría reimpresos en la última parte de Diario de un pendejo), de los cuales sólo citaré uno al final del texto y Poemas de Silvia Mancera (estos últimos sólo accesibles en la red). Creo más adecuado invitarlos a la fiesta que se desarrolla entre sus páginas, una festividad visceral, balcánica; una mezcla de excitación y tristeza. Una celebración que no termina cuando parten los invitados, se apaga la música, quedan los envases de cerveza rellenados con orines en el suelo y la cama se encuentre fría y sucia. Allí, en ese momento, es precisamente cuando apenas comienza.

Pa’qué me la hago tanto de pedo

Pa’qué me la hago tanto de pedo
si las nalgas nunca se acaban,
lo dijo el gran filósofo Mike Laure:
“la cosecha de mujeres nunca se acaba”
y ese Mike sería Malcom Lowry
y diría:
“el que tiene una mujer tiene todas las mujeres
y el que tiene a todas no tiene a ninguna.”
Yo perdí a todas,
huyeron de mí por indecente, compulsivo,
cabrón.
Me revolcaré entre tetas
y me envolveré de blanca y espantosa soledad,
de hastío en el pecho,
de dientes internos,
de úlceras
y de improvisaciones.
Lo siento,
también soy mortal.

Guillermo de la Mora Irigoyen
  • Escritores invitados

Jalisco, 1989. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad de Guadalajara y en La Sorbonne de París. Actualmente traduce literatura francófona y coordina la colección de traducciones de la editorial Moho.

Fotografía de Guillermo de la Mora Irigoyen

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