Columna Semanal
23 de noviembre del 2016

Aunque las artes marciales impliquen el uso de la fuerza, eso no significa que quien las practica sea una persona violenta. Va incluso en contra del Dojo Kun (preceptos que rigen la vida de quien practica artes marciales japonesas) ejercer los conocimientos adquiridos si no es necesario. El principio fundamental de las artes marciales es unir el cuerpo, la mente y el alma.

Evidentemente Oaxaca se ha vuelto un lugar violento, pero nunca se habla sobre el tema. Por lo menos no en los medios de comunicación más influyentes, o entre los que no son afectados. A mi alrededor, cada día puedo observarlo. La tensión y el egoísmo han llevado a la población a cometer actos inmorales con el fin de obtener una mínima ventaja sobre los demás. La solidaridad ha sido casi olvidada

La empatia, la compasión y especialmente el respeto son características no sólo de un practicante de artes marciales; sino de todo ser humano. Sin embargo, muchas personas creen que el hecho de ser un practicante nos convierte en personas agresivas. Esta creencia no sólo es incorrecta, sino que, al unir el cuerpo, la mente y el alma, se logra una formación íntegra como persona.

Está de más decir que hay muchos prejuicios por romper y también muchos valores por adquirir. Pero lo que me inquieta en particular es la capacidad de juzgar a los demás sin haber tenido la disposición de hacer una autocrítica. Obviamente esto no es fácil. Pero no nos cuesta nada vivir en respeto y cortesía

“Aunque la gente tenga posiciones diferentes en la vida todos tenemos dignidad.” La frase de la película biográfica de Ip Man es un ejemplo de modestia. Al practicar algún arte marcial se busca la perfección del espíritu y para eso se necesita amor, humildad, entrega y dedicación; valores que hacen del alumno un gran ser humano. Con esto no pretendo dar a entender que una persona que practica artes marciales es mejor que otra. Sólo quiero dejar en claro que después de haber dedicado varias horas dentro de un Dojo (lugar de práctica de algún arte marcial japonés) y el esfuerzo de todos los días por superarme como persona me ha llevado a lograr un carácter estable.

La agresividad es una característica típica de una persona con poca estabilidad en el carácter y muchas veces esto termina en violencia entre los individuos. Personalmente no creo que sea necesario que todos practiquen un arte marcial para ser mejores personas. En realidad el punto destacable aquí es la disciplina y el ejercicio físico, que es obviamente importante no sólo para la salud, sino para esforzarnos por algún objetivo.

El karate, a diferencia de otras disciplinas, tiene como característica la espiritualidad, lo cual la hace una práctica completa evitando que sea usada para dañar a alguien. De esta manera se logra una estabilidad mental del individuo y proporciona confianza y seguridad. Con estas aptitudes queda claro que quien practica algún arte marcial no es violento, y que al contario es una persona que se esfuerza por dar lo mejor de sí.

Sin embargo, me resulta desespe-ranzador la indiferencia y la pasividad humana ante muchos sucesos que resultan indignantes. No hablemos ya a nivel nacional, sino acontecimientos que vivimos en Oaxaca. Es increíble la violencia a la que están llegando los universitarios. La falta de valores y de control sobre su cuerpo tiene como consecuencia la salida a los peores instintos de un animal. Pero si complementamos una buena educación física con una intelectual, podemos llegar muy lejos como sociedad.

Anabelén Daniel Madrid

Estudiante de COBAO. Practicante de karate.

Fotografía de Anabelén Daniel Madrid

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