Columna Semanal
22 de marzo del 2017

Para muchos el pasado se ha vuelto una cadena que aprisiona nuestra voluntad. ¿Cómo iniciar la vida ideal que queremos tener? Damos pasos y nos censuramos; no vemos la salida, ni un futuro prometedor. Vemos el abismo y retrocedemos. ¿Saldremos de este aprisionamiento olvidando el pasado? ¡Pero cuántas veces nos han dicho que conociendo el pasado podemos construirnos un futuro! Cuando era adolescente quería que alguien iluminara mi camino; que me dijera qué rumbo tomar, qué hacer. Me sentía perdida en el mundo. Después me di cuenta de que con mi conciencia no podía abarcar el universo.

Somos muchos jóvenes y hay muchos adolescentes en busca de un futuro mejor; imaginando, soñando con la adultez. Sin embargo, sólo algunos saben cómo quisieran vivirla. Anhelamos ser libres de las reglas de la familia, pero no somos autosuficientes. Eso sí, tenemos presente que no seremos como nuestros padres, hermanos y maestros, pues no toleramos sus errores. La educación de la familia, de la sociedad y de la escuela se enfrenta o complementa con nuestro carácter. Y nos vamos moldeando a nosotros mismos si tenemos el valor para hacerlo, si no dejamos que otros lo hagan por nuestra negligencia. De esta manera nace la buena y la mala educación.

Algunos jóvenes quieren ser cantantes, estrellas de cine o de Tv, contadores, doctores, pintores o políticos, etc. Queremos ser…. Muchas veces únicamente pensamos en nosotros mismos, en un futuro de éxito y dinero; y otras, en que pretendemos cambiar la sociedad, a los políticos corruptos, a los empresarios, a los maestros, a los sindicatos... Con el paso del tiempo las cosas cambian y no hacemos ni lo uno ni lo otro.

Actualmente las distracciones nos alejan de nuestras aspiraciones; tenemos más tiempo libre, o más bien: el tiempo libre es usado en disfrutar de las comodidades y diversiones de la urbanidad. Dejamos nuestras reflexiones para otro día, ¿para qué complicarnos más? ¡Con los problemas del trabajo o de la escuela es más que suficiente!, ¿no? Aspiráramos a leer un libro, a ir a una exposición pictórica o a un concierto de música clásica, y otra vez no lo logramos. Deseamos pasar el rato y que pase otro día más para confirmar que seguimos vivos.

Muchos adultos “exitosos”, con buen sueldo y trabajo, se sienten frustrados por no haber realizado sus sueños. Se dicen: “cuando me jubile disfrutaré de mi tiempo, de mi familia”. Paréntesis, ¿el papel de la familia dentro de la sociedad es como dice Chesterton en esta cita?: “La familia es la prueba de la libertad porque la familia es lo único que el hombre construye por sí mismo y para sí mismo. No hay otra forma de organizar a la humanidad que le proporcione ese poder y dignidad, no sólo a la humanidad sino al hombre”. No estamos solos en este andar por la vida y a veces no consideramos al otro en nuestros ideales; olvidamos que siempre estaremos unidos a alguien o a algo. Otras veces nos sentimos completamente abandonados en el mundo, sin reconocer que hay quien lo ha perdido todo y tiene la fortaleza para seguir viviendo. Recuerdo una fotografía de Sebastiano Salgado: un niño que perdió a su familia; su cuerpo está maltratado; sólo se cubre de un pedazo de playera; carga unas ollas en la mano; se encuentra solo en una tierra erosionada y desolada al lado de su perro, pero sigue viendo el horizonte y a los demás que lo han dejado solo. Un niño que lo perdió todo y emigra entre la desolación tratando de sobrevivir.

No nos gustan los discursos cursis o ilusorios, pero al mismo tiempo no queremos sufrir. El mayor obstáculo que tenemos es nuestra negación. “Miedo” al futuro por no saber cómo será. Muchos adultos fueron rebeldes sin causa y ahora tienen miedo que sus hijos lo sean. ¡Cuántos jóvenes estamos pasando por luchas interiores o situaciones que cambiarán lo que queremos!, ¡cuántas decisiones irresponsables o reacomodos del mundo nos enfrentan a nosotros mismos!, ¡cuántas imposibilidades para alcanzar lo que deseamos! Las adolescentes tienen embarazos no deseados; los padres quieren que sus hijos sean lo que ellos no fueron; la religión nos llena la cabeza de culpas; las costumbres y el ambiente nos limitan. No afrontamos, no arriesgamos nada para alcanzar nuestras ambiciones. Vivimos entre tantas imposibilidades que no vemos las posibilidades para realizar nuestros ideales. Espero que pronto la rebeldía de nosotros los jóvenes ya no se siga desvaneciendo en el soplo de la Historia.

Elizabeth Arias

(Oaxaca, 1992). Estudia Humanidades en el IIHUABJO.

Fotografía de Elizabeth Arias

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