Columna Semanal
20 de abril del 2017

No fue sino hasta hace algunos días, cuando conocí a Holden Caulfield, el protagonista de El Guardián entre el centeno de J.D Salinger (1919-2010). Fue por su inspiración que me puse a hacer una lista de los autores a los que me encantaría llamarles por teléfono: “Lo que más me gusta de un libro es que te haga reír un poco de vez en cuando…Los que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras.” Esperé a que el terrible sol se ocultara. Tomé mi pequeña libreta de notas y un lapicero de tinta negra –sólo escribo mis notas en ese color, las de importancia. Jamás me tomo en serio las que son azules o moradas o rosas–. Así que remarqué muy bien el primer nombre, en negro. Hasta ahora mi lista es bastante escueta. John Fante sería la primera opción, pero sinceramente, preferiría escribirle un e-mail porque la llamada a celular me resultaría muy costosa. El nombre de Guillermo no podría faltar. Fadanelli es uno de los escritores mexicanos vivos que me sedujo por su osado pesimismo, y al que contradice con su desbordante escritura: nunca ha renunciado a escribir, se aferra a ella, habita los espacios de la imaginación, del lenguaje como si en ese velo literario filosófico, nos confiriera la afirmante vulnerabilidad del hombre. En Educar a los topos (Anagrama 2006) la imagen que subyace en mi memoria es de un tono melancólico: un hombre acaba de perder a su padre. Lo ha soñado varias noches, multiplicando de esa forma el rostro de su pesadumbre y soledad. Su padre siempre insistió en mostrarle las maravillas de la relojería. El protagonista, alérgico a todo instrumento de medición, nunca se ató un reloj a su brazo como normalmente lo hacía su progenitor. El autor nos conduce, con un ritmo desolado, a una de las experiencias más desgarradoras del devenir incesante: “El tiempo tiene peso, un peso que ningún humano podría soportar sobre su espalda sin antes haber acumulado una dosis suficiente de cinismo en la sangre.” La novela transcurre con digresiones hacia el pasado, recuerdos del mismo Guillermo Fadanelli cuando tenía once años, vivencia atroz en el colegio militar. Las acciones que transcurren en esta novela no son sino pretextos que reclaman otros pretextos para no derrumbarse en el silencio lapidario del mundo. En la historia, cada personaje justifica las líneas de su rostro; son inigualables, personajes que cuentan su propia historia en un mínimo de frases. La abuela es uno de ellos; es sabia, imponente y tiene la habilidad para decir los errores de los demás, pero fracasa cuando intenta ayudar al otro. Su madre, descendiente de italianos, huye de casa, de su padrastro, y se refugia en los brazos de un hombre feo y de nariz plana en la Ciudad de México. La segunda novela autobiográfica de Fadanelli publicada recientemente en Random House, Al final del periférico, es la continuación de Educar a los topos, pero dudo mucho de que esté escrita con la misma intensidad literaria. Se trata de los recuerdos de juventud en los años setenta cuando se trasladan a vivir a un conjunto residencial llamado Villa Cuemanco. Sus personajes adolescentes no logran alcanzar en ningún momento un destello singular, se quedan en la superficie como cualquier adolescente de espíritu rebelde que merodea en reflexiones anodinas a causa de su incipiente lenguaje. (Entiendo que el lenguaje representa una manera de lo que fue en aquél tiempo). No creo que la intención del autor haya sido evidenciar el contexto histórico, las sombras del terrible suceso de Tlatelolco, más bien, creo es el de la memoria. La novela es el libre tránsito de la memoria para recrear y justificar nuestra existencia. De ser así, me parece bastante válido y loable la escritura de una obra: hacer de nuestros recuerdos, edificaciones reales que soporten los temblores del alma, dejar de huir para encontrarse frente a frente.

¿Habrá algún día que Guillermo me responda por teléfono?

Perla Muñoz
  • Consejo editorial

Oaxaca de Juárez, 1992. Escritora y cuenta cuentos.

Redes sociales
Fotografía de Perla Muñoz

Artículos relacionados

El Juicio de Jesús
Columna Semanal
blog comments powered by Disqus